27.7.07

En fin, esto se acaba. Escribo directamente en el blog en los diez últimos minutos que me quedan de internet. Beijín es un fuego de artificio en pleno ascenso, un lugar donde vale lo mismo un corte de pelo que un rolex, unas deportivas nike que un desayuno (europeo). Un lugar donde se cumplen las leyes de Bolzman para esos millones de seres humanos que circulan sin descanso, como las motas de polvo en el brillante halo de luz de esta economía boyante, aumentando la entropía de la gran economía del mercado globalizante no sostenible.
Beijing sorprende a cada paso y somos una verdadera sorpresa para los pekineses. No imagina este pueblo amable, y en cierto modo tan desconectado del resto, la que se les viene encima con las Olimpiadas. Y no sólo eso, no son conscientes de que la bici no ocupa lo que el coche y al ritmo de 3000 nuevos vehículos diarios pronto empezarán a perder confianza en la prosperidad de la metrópoli.
En mi opinión a Beijíng hay que venir cuanto antes. En las Olimpiadas se desatará la locura de los precios y después, después ¿alguien recuerda Sevilla 1993?
Nos vemos en seguida.

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