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02 de julio 2007
En cierto modo superado el jet lag (luego se verá que no) y el shock de aterrizar en una cultura tan asombrosamente distinta, intento poner unas líneas con cierta coherencia.
Cuando salimos a la calle por la mañana, una de las muchas que tiene esta miniciudad que es este Campus Universitario de Jiaotong en el que nos encontramos, parecía la hora en que acababan de salir todos de clase, las calles eran ríos incesantes de estudiantes de acá para allá: andando, en bicicleta, y al mismo tiempo cochazos, carricoches y chiringuitos de fruta. Hay grupos de muchachos vestidos con birrete y túnica a la americana, haciéndose fotos conmemorativas frente al gran reloj del campus o delante del estanque artificial. Entrada la noche, también los vemos, perdido el conocimiento, tomados por debajo de los brazos entre dos. Llegamos al final del curso, en el gran día de la graduación.
Pasamos la tarde en el mercadillo de Sanlitun. El mercadillo en cuestión se ubica en un edificio tipo corte inglés de cinco plantas. Cada piso está dedicado a una gama diferente de productos: calcetines, todo lo imaginable para el té, relojes de primeras marcas a un precio irrisorio, instrumentos musicales, prendas de deportes de invierno, ornamentos de jade, telas de seda, collares de perlas, corbatas de seda con dragones, fundas de cojines, gafas de sol, telas para sofás, trajes, y trajes que confecionan a la medida en dos días, los más variados pañuelos, calzoncillos y calcetines de seda, edredones, bolsos y ropa en imitaciones a diesel, cartier, doukers, jus do it, channel, polo, ralph Laurent, vaqueros, camisas, la meca del pirateo, vamos.
En cierto modo superado el jet lag (luego se verá que no) y el shock de aterrizar en una cultura tan asombrosamente distinta, intento poner unas líneas con cierta coherencia.
Cuando salimos a la calle por la mañana, una de las muchas que tiene esta miniciudad que es este Campus Universitario de Jiaotong en el que nos encontramos, parecía la hora en que acababan de salir todos de clase, las calles eran ríos incesantes de estudiantes de acá para allá: andando, en bicicleta, y al mismo tiempo cochazos, carricoches y chiringuitos de fruta. Hay grupos de muchachos vestidos con birrete y túnica a la americana, haciéndose fotos conmemorativas frente al gran reloj del campus o delante del estanque artificial. Entrada la noche, también los vemos, perdido el conocimiento, tomados por debajo de los brazos entre dos. Llegamos al final del curso, en el gran día de la graduación.
Pasamos la tarde en el mercadillo de Sanlitun. El mercadillo en cuestión se ubica en un edificio tipo corte inglés de cinco plantas. Cada piso está dedicado a una gama diferente de productos: calcetines, todo lo imaginable para el té, relojes de primeras marcas a un precio irrisorio, instrumentos musicales, prendas de deportes de invierno, ornamentos de jade, telas de seda, collares de perlas, corbatas de seda con dragones, fundas de cojines, gafas de sol, telas para sofás, trajes, y trajes que confecionan a la medida en dos días, los más variados pañuelos, calzoncillos y calcetines de seda, edredones, bolsos y ropa en imitaciones a diesel, cartier, doukers, jus do it, channel, polo, ralph Laurent, vaqueros, camisas, la meca del pirateo, vamos.
En la última planta se sirve de comer. Hay comida china para todos los gustos. Todo el perímetro de la sala está ocupado por mostradores altos en los que se exhiben platos disecados, liofilizados o simples muestras en plástico, de las especialidades que se ofrecen, detrás agresivas cocineras y comerciantes con la boca cubierta con mascarillas de gasas y el pelo protegido con gorros blancos te ofrecen gamba agridulce pinchada en un palillo. Todo el mundo te reclama a voces, proclamando las excelencias de su especialidad, en chino o en inglés y, si descubren que eres español, también te dicen "hola "y te llaman "¡Amigo!". No son tan pesados como los marroquíes. A sus espaldas, a través de una pequeña ventana las llamas crecen y decrecen bajo los vaivenes de las sartenes cóncavas.
Cocina picante, zumos, pizzas, tallarines, turkish kebab, dumpkins, arroces, empanadillas, sopas, cualquier tipo de comina china se ofrece sin cesar, como en una lonja de pescado, a grandes gritos. Después de escoger te sientas en unas mesas corridas a la alemana, en seguida se acercan unas camareras y te preguntan por la bebida. No se mueven de tu lado, las reclaman por walkie talkie y en un plas las tienes delante. Poco después te acercan los platos de comida recién preparada.
No es mala idea pasar media tarde observando las mercancías, descubriendo la variedad imposible de productos, preguntando por los precios de los relojes, y antes de expirar escoger la última planta para cenar (en china se cena entre las seis y las siete de la tarde), tomar un respiro y volver con renovadas fuerzas al fragor del regateo.
Cocina picante, zumos, pizzas, tallarines, turkish kebab, dumpkins, arroces, empanadillas, sopas, cualquier tipo de comina china se ofrece sin cesar, como en una lonja de pescado, a grandes gritos. Después de escoger te sientas en unas mesas corridas a la alemana, en seguida se acercan unas camareras y te preguntan por la bebida. No se mueven de tu lado, las reclaman por walkie talkie y en un plas las tienes delante. Poco después te acercan los platos de comida recién preparada.
No es mala idea pasar media tarde observando las mercancías, descubriendo la variedad imposible de productos, preguntando por los precios de los relojes, y antes de expirar escoger la última planta para cenar (en china se cena entre las seis y las siete de la tarde), tomar un respiro y volver con renovadas fuerzas al fragor del regateo.
Puedes comprar productos para la manicura o sentarte y dejar que atentas muchachas se preocupen del arreglo en directo de tus uñas mientras dos metros más allá una familia entera de americanos o hindúes recibe un masaje de pies para recuperar el tono después de una trade entera de consuming desaforado.
Las chicas estaban locas y se dejaron una pasta. Sí, yo me compré un par de calcetines de seda. ¿A cuanto? Un euro cada par.
4 comentarios:
Sigue contando, me parece como estar en China y España al mismo tiempo...
segunda vez que escribo se me borro.te decia que yo tben senti esa vida de la gente en la calle, en las bicis en los mercados y el ruido, los gritos.Solo para el ruido en los parques, ya veras cuando vayas a un parque Eduardo
aquiahora oigo la musica kisomba mientras te veo relajado tumbado en ese banco.Luanda y Angola estan invadidas de chineses que han venido a hacer infraestructuras por doquier.
Hola Edu. Alñ ller estos párrafos retorno al verano pasado en Nannig, ciudad en la que estuvimos Fajardo y yo.
Seguiré leyento tus comentarios.
Un abrazo
Alonso
Joder, Edu, qué evocador y bien escrito...Único fallo: eso de poner Universitario, con la mayúscula atorrante, otorgando a tal condición una rango que están muy lejos de merecer, IMHO...
Oye, ¿es cierto que se mosquean si les miras a los ojos? ¿Has visto Cyanopicas (Rabilargos) por los parques pekineses?
Disfruta, cabroncete, y sigue dándonos envidia.
jaime
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